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A pesar de que Eleanor lo
intentó repetidas veces, no pudo convencerse de que odiaba a Yan Diamakis.
Se encontraba de nuevo en la hermosa isla griega donde todo empezó hacía
cuatro años, pero esta vez no estaba sola; el hijo de Yan la acompañaba y,
aunque él no la amara, Eleanor sabía que haría cualquier cosa por ese
niño. Así que estaba decidida a no sucumbir ante el encanto seductor
de su antiguo amante.
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