|
Todos los veranos de mis años en la universidad se
consumieron en escribir una novela. La terminaría, la
presentaría a una media docena de editores y obedientemente sacaría
las cartas de rechazo del buzón cuando comenzara el nuevo semestre.
Cuando tenía veinte años y estaba a punto de graduarme, mi
maravilloso padre me llevó amablemente a un costado para tener una
charla seria acerca de cómo no podía pasar el resto de mi vida
escribiendo novelas sin publicar en el sótano y de cómo necesitaba
pensar en conseguir un trabajo. Por supuesto, él tenía razón, pero
hice un trato con él: si podía
disponer de un par de meses más para
terminar mi último libro, entonces empezaría a concurrir a
entrevistas de trabajo. Siendo un padre que completamente
da su apoyo, él estuvo de acuerdo... ¡y aproximadamente dos meses después, mi
primera novela fue vendida!
Nunca he dado este trabajo por sentado. Es asombroso para mí que
cobrara por hacer algo que amaba mucho.
Sin embargo, eso no
significa que sea fácil. Hay veces en que tengo que escribir sin
inspiración o sin dormir lo suficiente, y veces en que he asumido
un desafío que siento demasiado grande para mí.
Lo que me ha ayudado
tremendamente es el apoyo de los amigos, sobre todo de Avonladies:
un grupo de autores de Avon Books que me aseguran que no estoy sola
en mis dificultades e inquietudes. Y mi propio amor por el género
romántico que me ha hecho seguir adelante por los altibajos de mi
carrera. Uno de los momentos más importantes de mi vida profesional sucedió
en una tienda de Wal-Mart aproximadamente a las once de la noche.
Fue en octubre de 1998, cuando hubo una severa inundación en el
pueblo de Texas donde vivo. Aunque nuestra casa estaba ubicada lejos
del río, estuvo completamente cubierta por el agua durante horas
(incluso el tejado estaba sumergido). Mi
marido, mi hijo y yo literalmente no teníamos nada excepto la ropa
que llevábamos puesta, y
fui lo bastante afortunada de tener también mi bolso. Dependíamos de
la bondad de desconocidos. Aproximadamente tres días después del
diluvio, me puse a llorar agradecida cuando cajas de ropa, libros y
otros artículos imprescindibles comenzaron a llegar de Avonladies.
Antes que las cajas llegaran, mi madre (cuya casa también había
estado inundada) y yo logramos llegar a un local de Wal-Mart a
comprar algunas cosas básicas. No disponíamos de mucho tiempo
y teníamos un espacio muy limitado en el automóvil, así que
acordamos comprar sólo lo absolutamente indispensable. Cepillos de
dientes, buzos, champú, calcetines...
tratamos de ser tan exigentes como fuera posible. Y cuando las dos
llegamos a la línea de cajas y observamos el contenido de la canasta
de la otra, me di cuenta que cada una había incluido un pequeño
artículo extra: una novela romántica.
Supe, sin tener que preguntar, que mi madre y yo compartimos la
misma necesidad de disponer de unas pocas
horas de escape, con los mensajes de
esperanza y consuelo que una novela romántica da a sus lectoras.
Desde ese momento, nunca he tenido dudas sobre mi carrera elegida o
su valor, y no tengo ninguna ambición de escribir algo "literario".
No hay nada tan importante como afirmar el poder de amor para sanar,
resolver conflictos y darnos valor como seres humanos.
Y si uno
de mis libros va a parar en el carrito de la compra de alguien que
necesita un poco de escape, habré hecho mi trabajo." |