A principios del siglo XIX, Sheridan Bromleigh
recorre feliz con su padre las tierras salvajes de Norteamérica, hasta que un
día queda al cuidado de su severa tía que no tarda en transformarla en un
ejemplo de decoro y dignidad. La muchacha se convierte en maestra para
jovencitas adineradas, y es contratada para acompañar a Inglaterra a Charise
Lancaster, una de sus alumnas, que debe encontrarse con su prometido. Cuando Charise huye del barco con un
desconocido, Sheridan continúa el viaje sola y preocupada, por tener que dar la
mala noticia a Lord Burleton, el aristocrático prometido de Charise.
Sin embargo, al desembarcar en Londres, la
recibe el conde de Langford, quien le anuncia de inmediato la muerte de Lord
Burleton, y en ese mismo momento sobreviene un accidente. Tres días después, cuando la muchacha
despierta, es presa de una amnesia total. No recuerda quién es, salvo que
todo el mundo la llama señorita Lancaster. Lo único que sabe es que se
encuentra en una lujosa mansión, y que su anfitrión, el apuesto conde inglés,
es un hombre encantador e ingenioso, pero también extrañamente lejano.